domingo, 7 de septiembre de 2008

Un empolvado capitulo de mi infancia

Siento deseos de escribir y simultaneamente “no”, por mi cabeza pasean silenciosos cientos de personajes, algunos empolvados por el olvido y otros simplemente son parte de mí, de todas esas vidas que me han traído hasta estos 26 años (casi 27). Algunos son lujuriosos, otros son nobles y callados, otros sabios, algunos más caminan sumisos y en su mayoría desfilan guerreros y estoicos (estos últimos podría decir que son un reflejo del alma mía). De pronto trato de tejer con nostalgia cada episodio, es como si yo fuera un volcán hirviendo a casi nada de hacer erupción, y mis emociones se revolcaran entre la lava de mi memoria, buscando emerger de tanta oleada y al final encontrar la quietud.

El martes fui al pueblo, ha cambiado tanto! Pero en esencia sigue siendo igual (un poco como yo), y fui a esa iglesia en donde transcurrió toda mi infancia, salió ahora del sótano del recuerdo esa escena repetitiva de travesura… aquellas tardes cuando me metía bajo la cama del padre José y a oscuras lo esperaba cuando él llegara de dar la misa, de antemano yo sabía que él tenía el hábito de llegar y quitarse los zapatos y descansar los pies aún con calcetines sobre un tapete que tenía junto a su cama, y así diabólicamente salían unas manitas de la colcha que arrastraba al piso y jalaban sus pies. Dios bendito no le dio a este hombre un infarto, un buen día se enfadó y me regañó con toda saña, por lo que decidí cambiar de travesura… Las puerta de su recámara se abría de par en par a la hora de meter la llave, así que en lugar de esperarlo bajo de la cama ahora lo esperaba tras de una puerta y en cuanto él entraba a oscuras yo le saltaba con un clásico “buuuuuuuuuuuu”. Era realmente demoníaca y ese hombre santo toleraba cada una de mis acciones. No todo eran travesuras, recuerdo aquellas lecciones de teclado, guitarra y canto, también cuando me encerraba en el sagrario a rezar las vísperas. Mamá siempre me obligaba a ir a misa, obviamente eso no entraba en las prioridades de una niña de 8 años, pero era tan tan astuta que me quedaba a brincar en el patio muy pendiente a la hora de la paz, y cuando ese momento llegaba entraba yo corriendo con mis amplias alas que apenas y cabían por la puerta del altar para darle la paz al sacerdote y a mi madre, y así ella pensaría que en realidad estuve ahí, aunque a veces no lo creía del todo y me preguntaba de qué había tratado el evangelio, lo cual yo ya lo tenía resuelto pues del misal mensual tomaba el evangelio del día y medio lo leía para responder a su pregunta y así ella quedara satisfecha y no me acribillaría a regaños.

Esto es sólo un trozo de mi infancia, un episodio de un viejo capítulo que con cariño recuerdo, poco a poco iré compartiéndote pedazo tras pedazo, conforme vaya desempolvando mi memoria.

Un gran abrazo

SIMPLEMENTE GANAS DE ESCRIBIR


Son sólo las ganas de escribir, pálidas y locas, grises como esta mañana escocesa que envuelve de magia este lugar, hablo de magia porque me mata ese aroma a tierra mojada, cómo el verde de las hojas les da un color empañado a los árboles y aunque parezca un día lánguido no lo es. Parece que todo el mundo sabe bien qué es lo que tiene que hacer sin embargo la pregunta es: ¿serán felices?, y es que ese sentimiento pudiera parecer tan volátil, nos vemos tantas veces inmersos en ilusiones que van de paso porque lo que importa a la gran mayoría es lo efímero.

Los árboles aburridos se mesen al ritmo del aire bañado de agua y ahora es que se me viene a la mente ese hermoso cuento que escribió un día mi hermana Magui, aquel de “El sueño de un poeta”, en el que el protagonista del relato se compara con un árbol y el árbol decidido expresa su pesadumbre ante la desdicha de ser sólo eso… “un árbol”, argumentando que debía permanecer en ese trozo de tierra toda la vida aún consiente de su naturaleza deseaba éste ser mucha más que eso y en efecto eso es lo que sucede con muchos de nosotros los mortales, pero lo mejor es que hasta de los árboles se aprende, la gran maestra madre tierra regida por el arquitecto universal ciertamente nos llena de energía y riquezas pero también a ratos se estremece de dolor porque pocos son los que la escuchan, es como si ahora el hombre padeciera de sordera, quizás se deba a todo el escándalo interior y al bullicio de la gente y es ahí donde hay que luchar, porque ahí está la enseñanza y esa si perdura y embeleza a los igual quieren crecer.

Hoy me siento estoica, decidida a escribir esa novela que jamás nunca nadie halla escrito, creo que los estragos de la infancia son ya mis amigos y maestros, lo digo con estiramiento porque esa es ahora mi piedra filosofal, ya no me flagelo con el pasado y estoy dispuesta a agasajarme con lo que viene, y no es escribir un capricho sino más bien es una pasión desenfrenada que me persigue y me atrapa a cada instante.

Hace sólo un par de minutos hojeaba mi agenda y en definitiva vive en blanco, aún cuando yo tenga muchas cosas por hacer, ¿seré tan libre como me creo?, siento que sólo el amor es quien me puede atarugar y acorralarme, porque ni el tiempo ni el mismo trabajo que tanto me encanta. Cómo el amor cuando es real se convierte en alquimia pura, al grado de convertir un guiñapo humano en un Hércules, una piedra en un pan y hace que uno deje de ser lo que es para convertirse en alguien mucho mejor, bañando de luz cualquier lugar recóndito y oscuro del cerebro y corazón.

Y así, puedo hablar y hablar, comenzar con una idea y terminar con otra porque finalmente de esto es de lo que está llena la existencia: de ideas, ideas que son sólo el principio de un tumulto de inventos, de una revolución con uno mismo, de un interminable crecimiento interior que nos hace trascender a cada segundo.

¡QUE VIVAN LAS IDEAS POR ABSURDAS QUE PAREZCAN!